lunes, 7 de marzo de 2011

PANTA, LA SELVA Y ROGER

Parafraseando a Santiago Roncagliolo, los libros de Mario Vargas Llosa están en el ADN de todos los escritores del Perú y por un camino u otro siempre nos topamos con él. En el artículo que le dediqué en este mismo espacio a la Feria del Libro de Frankfurt en octubre del año pasado, coincidiendo con la noticia del Nobel, llamé a MVLL escritor de cabecera de mi familia. De hecho mi primer recuerdo asociado a él es curiosamente una pelea entre mi padre y mis hermanos mayores porque alguno de ellos había cogido la novela de Pantaleón y desde entonces el libro había desaparecido de la biblioteca paterna. Tratándose de literatura adulta, yo que por esas épocas contaba con menos de diez años de edad simplemente ignoré el entuerto... hasta que seis años más tarde me llevaron a ver la película.

Como hace mucho que no vivo en el Perú, unos días atrás recién pude leer la edición especial del suplemento Dominical del Comercio dedicada al „Nobel más esperado“. Una de las columnistas, la guapa sexóloga peruana Romina Vaccarella, comienza su artículo titulado Los caminos del deseo con un recuerdo de adolescencia que me impresionó mucho por ser casi idéntico a un recuerdo mío. Me permito reproducirlo cambiando el título de la película:

„Recuerdo el impacto emocional y erótico que tuvo en mi adolescencia la película „Pantaleón y las visitadoras“ (no la de Lombardi sino la primera co-producida por el mismo Varguitas y rodada en los años 70 del siglo pasado en la República Dominicana – N.A.); el solo hecho de asistir con mis padres – yo tendría unos doce o trece años – me hacía sentir un tanto „clandestino“. Sabía que entraba con ellos a ver una película no precisamente para menores y eso generó en mí una cierta sensación transgresora, permisiva y confusa que me hizo sentir, por qué no decirlo, algo excitado.“

Recuerdo cómo llegamos caminando al ahora difunto cine San Antonio, compramos los boletos en caja con los soles que mi padre llevaba prolijamente doblados en el fondo de su bolsillo del pantalón – nunca lo vi usar una billetera – y luego la mirada inquisidora del controlador como diciendo y este mocoso qué pito toca en esta peli. Solo que el mocoso iba acompañado de papá y mamá así que adelante joven. Me halagaba el hecho de que me llevaran a ver con ellos cine „para mayores“, me sentí adultísimo admirando a Camucha Negrete en el papel de Brasileña y viendo al propio Mario en un rol secundario de un minuto como comandante de la guarnición que recibe un convoy de visitadoras.

La Iquitos de la película no tenía mucho de la que yo recordaba haber conocido de pequeño. Muchos años después me enteré de que el gobierno militar peruano de turno había vetado la realización del proyecto en la Amazonía y por eso el equipo de producción optó por llevarlo a Santo Domingo.

Hace poco descubrí casualmente un vídeo en el que MVLL cuenta lo complicado que fue el rodaje por los dos huracanes que asolaron el set caribeño: uno meteorológico que destrozó el decorado y otro made in México llamado Katy Jurado, la diva que Mario eligió para hacer de Chuchupe y que a las cinco semanas tuvo que echar porque no soportaba sus exigencias que iban desde aviones, barcos y guardaespaldas hasta un baño exclusivo para ella cuando en todo el set de filmación había tan solo dos cabinas sanitarias para actores y técnicos. Acá tienen el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=eGuLcEztG_E

Atando cabos, caigo en la cuenta de que la pelea familiar por la desaparición de Pantaleón coincide con el año en que a mi padre lo destacaron a Iquitos. El recuerdo más sensorial que me dejaron esos viajes a la vaporosa Amazonía es el momento de acercarme a la puerta del avión después del vuelo Lima – Iquitos para recibir una cachetada de aire caliente y húmedo. Inolvidables también los viajes que hicimos en hidroavión sobrevolando el Amazonas, el Napo, el Curaray y viendo de lejos el Putumayo.

El mismo Putumayo donde cien años atrás un celta sereno que soñaba con la independencia de su Irlanda natal, Roger Casement, fue testigo en más de una oportunidad del oprobioso trato que los caucheros daban a los indígenas de la región. Un gran tipo, el pelirrojo Roger, denunciante de abusos y gran amigo de los muchachos musculosos de la llanura amazónica.

Cuando comencé a leer El sueño del celta, me llamaron la atención las insinuaciones del narrador dirigidas al interés manifestado por Roger hacia la anatomía masculina tanto de los muchachos del Congo belga como de las ciudades amazónicas. Fue una grata sorpresa toparme con un entrañable personaje protagónico de sexualidad heterogénea dibujado por MVLL. Lo triste es que Roger, víctima de su época y su educación, se tuvo que conformar con encuentros furtivos y de corte comercial. Cuando ya se había consagrado por entero a luchar por la independencia de Eire, se dejó seducir por la belleza de un mata-hari noruego que lo delató y contribuyó a que Roger terminase en la horca. ¡Al Putumayo con el traidor escandinavo!

viernes, 25 de febrero de 2011

TRES CABEZAS DE PING-PONG

Los jugadores, en orden de aparición mediática: Manuel – Lucía – Martín.

La cancha, en general: el ciberespacio.

La cancha, en particular: sus respectivos blogs y/o columnas de opinión.

Antecedentes de los jugadores:

- Manuel, el más veterano de los tres, lleva más de veintisiete años en las canchas y nunca ha ocultado sus técnicas heterodoxas que incluyen, además de cierta dosis de dóping, una declarada afinidad tanto por el juego doble (hombre con hombre) como mixto (hombre y mujer)

- Lucía, la más joven del trío, pero avanzando a paso firme en dobles y mixtos; se entusiasmó con el juego viendo a Manuel en la cancha, primero desde lejos y luego poco a poco se le fue aproximando peligrosamente

- Martín, a diferencia de los primeros, jugaba exclusivamente dobles en la liga de su país; allí se enfrentó a Manuel en un recordado amistoso que duró cinco sets, dejando aplastado al visitante; desde aquel encuentro juega dobles con Manuel, si bien esporádicamente, durante ocho años

La cancha se calienta a partir del momento en que – en las pausas de Martín – Manuel empieza a entrenar mixto con Lucía. Martín no ve con buenos ojos esos mixtos y se lo reclama. Manuel ignora los reclamos de Martín y convierte a Lucía en su pareja oficial de mixto.

Viéndose relegado, Martín propina paletazos bajos a Lucía desde un ángulo oscuro de la cancha. Manuel sale en fogosa defensa de Lucía y arremete en público a pelotazo limpio contra Martín dando inicio a un insólito tripartito que acapara la atención del ciberpúblico.

Pero mientras Manuel y Lucía se hacen presentes en la cancha una sola vez por semana, Martín, infatigable, sale diario a disparar contra los otros, a veces varias veces al día. Los espectadores ya no saben qué hacer, en qué dirección mirar para no perderse los siete tiros semanales de Martín y las respuestas pausadas de Lucía y Manuel.

Lucía de hecho se toma las cosas con más calma, de vez en cuando un tiro esquinado a Martín, pero básicamente no le para bolas. De momento desempeña una labor que le absorbe casi toda su energía: está fundando su propia academia deportiva.

Manuel ya tenía dos academias, pero a raíz del tripartito el directorio de éstas ha decidido separarlo de sus funciones. Lucía en cambio le ha abierto las puertas de su academia en estado de gestación. Martín, muy sabiamente, se ha trasladado a otras latitudes teniendo la suerte de encontrar una nueva pareja de dobles. Aunque se corre la voz de que pronto estará jugando un estelar en la cancha de Manuel y Lucía.

Cualquier parecido con los blogs/columnas siguientes no habrá sido ninguna coincidencia:

peru21.pe/impresa/columnistas/jaime-bayly

luiscorbacho.com

algomeolvido.com

viernes, 18 de febrero de 2011

LA EDUCACIÓN DE CHIU A CHA

Vuelvo a CHIUchín después de veinte años de no haber estado en la serranía de Huacho. Los dieciocho kilómetros de trocha infame que suben desde el puente Tingo hasta el pueblo están fatales y eso que recién comienza la temporada de lluvias.

Espectaculares paisajes andinos y revitalizantes aguas termales recompensan al viajero que sobrevive las sacudidas de la ruta y está dispuesto a renunciar a cierta comodidad a cambio del cielo más azul del mundo y mucho aire puro. Entre montañas altísimas se contornea el valle del río Checras. Es la primera vez que lo veo en época de lluvias y casi no reconozco el torrente caudaloso que debe de estar al doble de su volumen en verano.

En los campos se siembra, como siempre, maíz, papas, cebollas y otras hortalizas pero me sorprende ver numerosas plantaciones de melocotón. Se diría que es el cultivo de moda. Por todos lados crecen esbeltos eucaliptos y robustos molles centenarios.

La caminata que nos toca hacer hoy comienza en la plaza de Chiuchín. Atravesamos el pueblo hasta el puente que lleva a los baños termales de Huancachín, pero nos desviamos antes de las piscinas para subir el cerro y tomar el camino de herradura a Huancahuasi. Según la gente de la zona, se puede hacer en una hora. Yo les explico que gallinazo no canta en puna y que mejor dupliquen – por lo menos – el tiempo estimado. Al final del sendero nos espera una deliciosa piscina con vista espectacular a las montañas y el valle.

No faltan en cada pueblo grupos de hombres de diferentes edades en torno a una botella de chicha o ron. La ominosa conjunción de falta de empleo y abuso de alcohol. En cambio, me alegra ver que varios colegios lucen renovados, al fin y al cabo el 29.1% de la población peruana está entre los 0 y 14 años edad. Observo esos ramilletes de chicos y chicas y me pregunto qué será de estos niños cuando sean grandes. ¿Tendrán buenas perspectivas aquí en la sierra o migrarán como tantos a las ciudades de la costa en busca de mejores oportunidades? Es lamentable constatar que el estado peruano, a pesar de los crecientes recursos con que cuenta, invierte tan solo 2.7% del PBI en educación.


Vuelvo a CHA de Pedras después de un año de no haber estado en la isla de Santo Antao, Cabo Verde. Los cinco kilómetros de trocha infame que suben de Coculí hasta el pueblo están fatales, como cada vez que termina la temporada de lluvias.

Paisajes espectaculares de este fértil valle recompensan al viajero que sobrevive las sacudidas de la ruta y está dispuesto a trepar cerros y caminar al borde de precipicios de vértigo. Entre montañas que parecen cortadas con los dientes de un T-Rex, se contornea el valle formado por la ribeira de Cha de Pedras. Cuesta imaginarse que este cauce pedregoso, que de momento no tiene nada de agua, se convierte una vez al año en un torrente que arrasa a su paso con todo lo que se le pone por delante, carreteras incluidas.

En las laderas no hay un metro cuadrado que no esté aprovechado para cultivar maíz, frejol y caña de azúcar; los primeros para comer, la última para fabricar grog, el aguardiente local. Por todos lados crecen frondosas higueras y almendros africanos, mangos y árboles de pan.

La caminata que nos toca hacer hoy comienza en Cha de Pedras, pasa por Joao Afonso y termina en Coculí. A lo largo de la ruta, grupos de hombres de todas las edades reunidos en torno a una botella de grog. Aquí también: el ominoso binomio formado por un alto nivel de desocupación y abuso de alcohol.

Veo con gusto que han renovado la escuela primaria que como siempre está repleta de pequeñas y pequeños. Se nota que la población del archipiélago entre los 0 y 14 años hace 35.2% del total, otra típica pirámide de base ancha.

Me pregunto qué será de ellos más adelante. Aparte del buen clima, el mar, el sol, un poco de pesca y agricultura, estas islas carecen totalmente de recursos naturales, lo que lleva a que tengan que importar más del 80% de los bienes de consumo. Y a que la población en la diáspora duplique a la que reside en las islas. ¿Tendrán que buscarse un mejor porvenir fuera de su tierra estos niños también? Ojalá que no.

Por lo pronto, a pesar de contar con muchísimos menos recursos que el Perú, el estado de Cabo Verde invierte 5.7% de su PBI en educación, proporcionalmente más del doble que nosotros. Nada mal para un país con apenas 35 años de vida independiente. Otros tienen casi doscientos años y aun no le dan a la educación la relevancia que merece.

lunes, 7 de febrero de 2011

LO QUE LA TÍA JULIA DIJO

A raíz de los sucesos de octubre y diciembre pasados con el anuncio y la premiación del Nóbel de Literatura 2010, respectivamente, me pregunté qué estaría pasando por la cabeza de la señora Julia Urquidi Illanes. ¿Habrá celebrado tal vez el galardón obtenido por el que fue su segundo marido? ¿A lo mejor se habrá sentido premiada ella también, modestamente, como inagotable instigadora del joven Varguitas en los primeros y decisivos años de su carrera? Lo reconoce el mismo Mario Vargas Llosa en El pez en el agua: Julia me ayudaba en mi trabajo y alentaba mi vocación literaria.

No me la puedo imaginar indiferente, pues según cuenta la misma Julia en su primer y único libro, el sobrino político de su hermana Olga es el hombre con el que vivió los momentos más felices y los días más amargos de su vida. Si le llevaba como diez años a Varguitas, ya debería de estar bien entrada en la ochentena. ¿Vivirá todavía?

No, la tía Julia ya no vive aquí: el jueves 7 de octubre de 2010, cuando se dio a conocer el Nóbel de Mario, llevaba siete meses en otro plano de existencia. De este detalle me enteré más adelante y traté entonces de conseguir el „antilibro“ que escribió Urquidi. Recuerdo claramente, como colegial de quinto de secundaria que era en 1983, el revuelo causado en el ambientillo literario peruano por la publicación de Lo que Varguitas no dijo, sobre todo en su dimensión chismográfica, que era lo más interesante en ese momento.

Encontré una edición boliviana bastante reciente y lamenté muchísimo su falta de prolijidad en materia de edición y corrección. Párrafos mal formateados, horrores de ortografía que no se merecía de ningún modo la primera esposa de Varguitas. Con bastante humildad, comienza el libro con un mensaje al lector en el que delimita que no pretende escribir una gran obra de la literatura universal sino simplemente presentar SU versión de los hechos.

Mientras Mario pone el énfasis, tanto en La tía Julia como en El pez, en las aventuras de su relación clandestina hasta el matrimonio realizado en un pueblo de Chincha, Julia se centra más bien en la evolución de su relación de pareja en los nueve años que duró ésta, las crisis de celos de que era presa el joven Varguitas al inicio y las que la alocaban a ella misma hacia el final, cuando se hizo evidente el mutuo interés de Mario por esa primita de nariz respingada que vivía con ellos en París.

Cuando en 1977, trece años después de la separación, recibió el paquetito que le enviaba Mario con su flamante novela dedicada a ella, Julita casi se cae de la silla. Reconoce muy dignamente las cualidades literarias del libro, dejando bien en claro que no está encantada con que se ventilen sus intimidades de esa forma. La famosa gota que colma el vaso llega con la telenovela basada en el libro de Mario. Ahí nace también la idea de escribir Lo que Varguitas no dijo.

Siete años después de su publicación, en una entrevista de 1990 al diario El País, Julia dice indignada que en esa telenovela aparecía como una vampiresa divorciada que iba a seducir a un jovencito. Ese mismo 1990 se estrena también la película "Tune in tomorrow", escrita por William Boyd basándose en la novela de Vargas Llosa. Boyd traslada el romance del joven Martin (un jovencísimo Keanu Reeves) y su Aunt Julia (Barbara Hershey, deliciosa) a una pegajosa Nueva Orleans de los años 50. ¿La habrá visto la tía Julia verídica? Tal vez hasta se haya sentido halagada por la glamorosa interpretación suya de la Hershey. A diferencia de la novela, en esta versión el escribidor Pedro "Carmichael", encarnado por el genial Peter Falk (Inspector Columbo), al enterarse del amorío entre Martin y Julia comienza a incorporarlo en uno de sus radioteatros, causando la ira de los alter-ego reales. Otra curiosidad de la película es que el papel de los argentinos, como nacionalidad odiada por Carmichael, es trasladado a la exótica Albania, suficientemente remota como para no temer represalias, menos aun en 1990.

Pero volviendo a aquella entrevista a la tía Julia de 1990, encontré allí unas palabras proféticas que esta vez casi me tumban a mí de la silla:

"Me gustaría mucho más verlo recibir el Premio Nóbel que la banda presidencial."

Eran los días de la campaña electoral perdida por Vargas Llosa. Curiosamente, por aquella época, no solo Julia vivía y trabajaba en La Paz, sino también Raúl Salmón, el multifacético boliviano que inspiró a Mario la figura del escribidor, pero que nunca quiso admitirlo.

Veinte años después, se cumple el deseo de Julita y Mario recibe el Nóbel. Veinte años después, el ganador de aquellas elecciones de 1990 está preso hasta que la muerte o su hija Keiko lo liberen.

domingo, 23 de enero de 2011

LA GUERRA DEL CULEBRÓN

Sobrevolando el otro día los titulares de www.elpais.es, me llama la atención una noticia sobre el disgusto personal del gobernante de Venezuela por una telenovela colombiana. Tan grande es el enojo que por decreto ha prohibido su difusión en la bolivariana república. Me imagino que la prohibición, como de costumbre, debe de haber disparado la popularidad de dicha serie a ambas orillas del Meta y el Orinoco. Pero ¿tanto alboroto por un culebrón?

Según la nota del PAIS, se trata de un personaje femenino llamado Venezuela que evidentemente está dotado de ciertas características que „not amused“ al caudillo de Caracas. Picado por la curiosidad, decido echarle una mirada crítica a CHEPE FORTUNA, la ominosa manzana de la discordia entre mis hermanas repúblicas. El resultado de la investigación no se hizo esperar: me enganché sin remedio a esta deliciosa novela costumbrista del Caribe colombiano.

Como no podía ser de otro modo, la trama central es simplísima: la niña rica Niña Cabrales, interpretada por una guapísima finalista del Miss Universo 2008, y Chepe Fortuna, humilde pescador del barrio El Tiburón a quien da cuerpo un no menos escultural actor de Barranquilla, se aman a pesar de venir de mundos opuestos y tendrán que superar mil y un obstáculos hasta llegar al final feliz que de momento solo dios y los autores saben cuándo ocurrirá.

¿Pero qué tiene esta trivial historia de amor imposible para hacer enfadar a Hugo Chávez? Dos personajes secundarios, las hermanas Colombia y Venezuela Castillo, morenas nacidas y crecidas en El Tiburón. La primera es la criada fiel de toda la vida de la familia Cabrales y la madre espiritual de Niña. Colombia derrocha picardía por todos lados y mueve cuanto hilo puede para unir a sus bienamados Niña y Chepe.

Su hermana Venezuela, en cambio, es la caricatura de la arribista y trepadora, una rubia al pomo gorda y fea, chismosa y sin escrúpulos, que se mete con un tipo casado y se lía en cantidad de negocios turbios con tal de lograr sus metas. En más de una escena, la gorda recibe un sonoro por qué no te callas, en evidente alusión al recordado episodio en que un exasperado rey Juan Carlos mandó callar a Chávez.

Cada vez que por sus enredos Venezuela está con la soga al cuello, llama a su hermana para que la saque del entuerto. ¿Con quién más va a contar Venezuela si no con Colombia? le dice lloriqueando a su hermana en un muy diciente episodio. Hasta aquí Caracas aprieta los dientes y soporta la parodia.

La famosa gota que colma el vaso cae cuando la intrépida Venezuela adopta un cachorro y lo bautiza Huguito. Durante un paseo al borde del mar, Huguito se pierde y Venezuela llora a mares la pérdida de su perrito, qué va hacer Venezuela sin su Huguito, se lamenta a lágrima viva. Moisés, su amante en la novela, le responde que por fin va a ser libre, que Huguito estaba cagándose por todos lados, metiéndose en casas vecinas, haciendo quedar mal a Venezuela.

Eso fue just too much para el inquilino de Miraflores. La prensa vasalla del caudillo ha puesto el grito en el cielo. Que se trata de mensajes subliminales, con toda la maldad y la saña de los guionistas de la vecina Colombia. Por mi lado, yo también me quejo porque me he quedado enviciado y carezco de suficiente disciplina para no zamparme de un tirón los ochenta capítulos que me faltan hasta ponerme al día con las peripecias de Colombia y Venezuela, de Niña y Chepe.

El enganche se debe en parte al excelente guion de Miguel Ángel Baquero y Eloísa Infante con diálogos cargados de humor, juegos de palabras, localismos y sobre todo a cuatro actrices geniales, dos villanas y dos buenas.

Una espectacular Margalida Castro interpreta a Úrsula, la implacable y pérfida matriarca del clan Cabrales. Úrsula es la versión caribeña y en silla de ruedas de la malévola Mamá Elena de Como agua para chocolate, sobre todo cuando reclama a gritos a su empleada Colooombia mientras hace timbrar la campanita que lleva siempre en sus manos. Su marido Jeremías la llama dócilmente mi general.

Consuelo Luzardo da vida a la antagonista de Úrsula, su vecina, la encantadora solterona Alfonsina Pumarejo, psiquiatra dotada de sensibilidad social y una agudísima inteligencia, tanta que espantó a los pretendientes que tuvo en su juventud. A Alfonsina le encanta jugar ajedrez con Jeremías y poco a poco se irá convirtiendo en la mejor amiga y consejera de Chepe Fortuna.

Lorna Cepeda, hermana mayor de Angie, interpreta a la aguerrida Petra Meza, más conocida en El Tiburón por su sobrenombre y principal atributo, la Celosa. Es uno de los personajes más graciosos de la novela por su manera exageradamente costeña de hablar y los enredos en que se mete por chismosa. Con su marido, el casquivano Bellaco, Celosa dirige la principal tienda de abarrotes del Tiburón y ay de que se entere de que alguna mujer estuvo con su Bellaco. Pero siempre que Chepe Fortuna la necesita, Celosa es una aliada incondicional.

Una tan estilizada como estirada Kristina Lilley da vida en la novela a Malvina, la elegante e intrigante madre de Niña Cabrales. Malvina cambió totalmente de vida cuando se fue de Bogotá a la costa con su ahora difunto marido y no ve la hora de esquilmar a su familia política para regresar bien forrada a la sabana. Pero por mientras, haciendo honor a su papel de villana, Malvina es amante del prometido de su hija - toda una madraza.

El vallenato que abre la telenovela trasmite la moraleja de la historia:

Tiburón que se duerme, se convierte en sushi.

¡Gracias, Colombia! y ¡paciencia, Venezuela!

domingo, 16 de enero de 2011

LAS FUNDAS DE POCHITA

Hace varios meses, cuando el sol estaba en la constelación del León, Pochita cumplió ochenta y cinco años, pero es tanta la vitalidad que despliega que su numeroso clan de hijos, nietos y bisnietos, además de parientes políticos, se está haciendo a la idea de que la matriarca llegará muy probablemente a los cien.

Mérito tiene de sobra: con una disciplina férrea, Pochita se levanta todos los días antes del amanecer para practicar una serie de ejercicios físicos que ha ido adaptando a sus requerimientos y posibilidades desde que comenzó con esta rutina, siendo la quinceañera rebelde que decidió abandonar el colegio en cuarto de secundaria. Eran los años 40 del siglo pasado y sus padres no la presionaron para que retomara las clases, al fin y al cabo su misión en la vida sería casarse, tener hijos y encargarse de su familia como lo habían hecho antes su madre y sus abuelas.

Siendo la hija sánduche, es decir rodeada de un hermano mayor y otro menor, Pochita siempre echó de menos tener una o varias hermanas y decidió que cuando se casara, tendría por lo menos doce hijos. No contó con que a lo mejor su co-productor podría tener otro parecer al respecto. En efecto, el espigado Gerardo, cuyo uniforme deslumbró fulminantemente a Pochita, consideró con bastante más criterio que – dado que sus ingresos castrenses no eran exorbitantes – sería mejor limitar la descendencia a dos, máximo cuatro retoños.

Cuando llegaron a tal cifra, con dos nenas y dos nenos en su haber, Gerardo se dio por bien servido con las dos parejitas y le dijo hasta aquí llegamos, Pochita. Pobre Gerardo, no contaba con la tenacidad de Pochita, que si bien no completó la docena que se había propuesto, sí que duplicó el primer cuarteto.

Los tres niveles de descendientes de Pochita parecen sin embargo no haber heredado ni un miligramo de la reciedumbre de su matriarca. Mientras ella remata su gimnasia matutina con un duchazo en tonificante agua fría, los blandengues de sus hijos, nietos y bisnietos prefieren sin excepción las bondades del agua tibia.

Durante nueve de los doce meses del año, Pochita se baña a diario en una playa de piedras del congelado y proceloso Océano Pacífico, a cuyas orillas ha vivido casi toda su vida. Ultimamente necesita ayuda para liberarse del abrazo de las olas en el momento de la salida, pero siempre tiene a algún hijo, nieto o amigo a la mano para tan loable tarea.

Como no podía ser de otro modo, Pochita es muy receptiva para todo tipo de consejos relacionados con una buena salud. Cada mañana, después de su gimnasia, bebe un vaso grande de agua tibia con jugo de limón. Por algún lado leyó también que en el interior de la cáscara de plátano hay sustancias vitales para la salud y – muy consciente ella – primero raspa el interior de la cáscara, se lo come y recién entonces procede con el resto de la fruta. Aunque no le gustan para nada, todos los días se prepara verduras crudas y cocidas por las vitaminas y fibra dietética que contienen.

Pochita es una persona extremadamente amable y amiguera, pero como todos en este mundo también tiene enemigas acérrimas: ¡las grasas! Más aun si la que las está ingiriendo es su hija Malena, que ha estado casi toda su vida bastante subida de peso, cosa que Pochita no ve absolutamente con buenos ojos. Pero cuando tiene por delante una caja de exquisitos chocolates, hace un cese del fuego en el combate a las malignas y arrasa con cuanto puede.

Su más reciente descubrimiento es que la mejor manera de prevenir la proliferación de ácaros en las camas es cambiando a diario las fundas de las almohadas. Manos a la obra, se dijo Pochita: para mantener en jaque a los invasores, cada mañana les arranca a sus remolones vástagos las fundas de sus almohadas, a veces incluso antes de que se hayan despertado estos, y les deja fundas limpias.

La inmensa energía eléctrica que recorre la anatomía de Pochita se manifiesta en un marcado dinamismo y espíritu de comando, sobre todo desde que enviudó de Gerardo. Sus hijos, agobiados a veces con la desbordante Pochita, se han reunido en consejo y han decidido tomar medidas preventivas. Creen haber hallado la solución en el extracto de una hierba muy buena que van a mezclar en los cereales que suele desayunar Pochita, una dosis muy baja, lo suficiente como para relajarla un poco. Con lo que no contaron los astutos, es que unas amigas de Pochita le hablaron maravillas del pan integral tostado y desde aquel día no ha vuelto a tocar su pomo de cereales.

sábado, 1 de enero de 2011

ACUARELA DE MINDELO

CESÁRIA

Hasta bien entrada en la cuarentena, esta chatita gordita, casi tan alta como ancha, cantaba en bares de medio pelo de Mindelo, su puerto natal. Un día, un productor francés la escuchó y la invitó a grabar en su estudio. Con su voz aterciopelada y su encanto natural se hizo famosa como „la diva de los pies descalzos“. Veinte años después, Cesária Évora es una celebridad internacional con giras desde California hasta Shanghái pasando por Caracas y Bucarest. Si algo la limita actualmente, son solo las consecuencias de décadas de abuso de alcohol y tabaco. Ya no toma, pero no ha podido dejar de fumar, a pesar de la prohibición médica. Cuando las temperaturas lo permiten, en los escenarios prefiere siempre cantar sin zapatos. Por su carácter campechano y su voluntad de ayudar a todo el que se lo pide, es una de las personas más populares y queridas en su país, Cabo Verde. Su casa en Mindelo no tiene vigilancia particular. Basta tener un poco de suerte para encontrarla. Después de tres intentos fallidos en el transcurso de un año – la señora andaba de gira o estaba indispuesta – por fin logro reunirme con ella un sábado por la tarde. Me acompañan Yellow y Christopher, paisanos lejanamente emparentados con la artista. Lo único que nos pide Cize, como la llaman sus amigos y parientes, es que no la entrevistemos. Siempre la había visto con pelo corto en fotos y reportajes y me llama la atención su actual peinado de trenzas africanas que le llegan hasta la cintura. Nos hace pasar a su salón, me enseña orgullosa los innumerables premios que ha recibido – Grammy incluido. Le digo las pocas palabras que sé decir en su lengua, kriolu, y me da la impresión de que el gesto es bien recibido pues manda llamar a su „empregada“, un muchacho enjuto pintado de rubio que según me cuentan es su sobrino, para que nos sirva pontche de limao, un delicioso licor de melaza macerado con cortezas de limón, que degustado en tan ilustre compañía sabe aún más rico. Usted no bebe, Cize? le pregunto. No, me lo ha prohibido el médico, responde dándole una pitada profunda a su cigarrillo.

Para oír "Bia de Lulucha", uno de los primeros grandes éxitos de Cize, seguir el enlace o copiar y pegar:

http://www.youtube.com/watch?v=QqEovTkgTvM

YELLOW

Su nombre oficial es José Morais pero así no lo conoce nadie. De un antepasado inglés heredó los cabellos claros que motivaron que desde joven lo llamaran „yellow man“ o simplemente Yellow. Con su estatura y corpulencia de armario, deslumbró en un santiamén a la guapa Susana, que ya tenía dos hijos de uniones anteriores. Luego vino Christopher, primer hijo de Yellow y tercero de Susana. Fue la madre de Yellow, una encantadora morena setentona, la que me llevó al bar-domicilio de la pareja. Chocamos en la puerta del supermercado Fragata y sus compras se le cayeron al suelo. Recogimos todo juntos y así entablamos conversación. Ven a que conozcas el bar de mi hijo, me invitó solícita, queda aquí cerca. Así llegué al bar Susana del que me convertí en visitante asiduo. Cuando vi que el supuesto hijo era un tipo „gringo“ pensé que no le había entendido bien a la señora. Más adelante me enteré de que los genes anglófilos venían por el lado paterno. Y que a Yellow no le gustaba darle dinero a su madre, pues la señora es miembro de una iglesia medio sectaria y su hijo teme que gran parte de su ayuda vaya a parar en las manos de sus sufridos y codiciosos pastores. Esta confidencia me la hizo Yellow después de la visita a Cesária Évora, mientras caminábamos a la fiesta de despedida de su amigo Debis.

CHRISTOPHER

Es el primer hijo de Yellow y tercero de Susana. Nació un 28 de noviembre y por lo tanto su fiesta de „guarda-cabeça“ se celebró el 5 de diciembre siguiente. Yo justo estaba en Mindelo y al pasar como de costumbre a marcar tarjeta en el bar Susana, me di con las buenas noticias del nacimiento de Christopher y de que esa misma tarde se celebraría su „guarda-cabeça“. Según la tradición mindelense, una semana después del nacimiento se reúnen los familiares y amigos para comer, beber y cantarle canciones al recién nacido, augurándole así una vida larga y feliz. Para tan importante ocasión, Susana y Yellow tiraron la casa por la ventana. No solo el bar sino también los espacios privados estaban repletos de gente. Al parecer, algunos de los asistentes no habían sido invitados pues oí cómo Yellow los expulsaba del bar a gritos. Volví a ver a Christopher un año después, en vísperas de su primer cumpleaños. Tenía mucha curiosidad por ver si el pequeño calificaría para el mismo apodo que su padre, pero los genes africanos son más fuertes que los ingleses y Christopher tiene los ojos grandes de su madre pero de un color tal vez más claro. Su tez es canela, sus cabellos totalmente prietos. Vamos a ver cómo cambia en los años que vienen.

DEBIS

Su nombre oficial es Eduardo, pero como buen caboverdiano no lo usa, todos lo llaman Debis. Tiene la cabeza rapada, una barriga incipiente y brazos corpulentos. No se parece en absoluto a sus otros hermanos Beri y Waldir. Debis emigró a Francia hace unos ocho años, trabaja como electricista y está muy feliz de vivir cerca de París. La fiesta, a la que Yellow ha tenido la gentileza de llevarme, es para despedirse Debis de sus parientes y amigos después de pasar sus vacaciones en Cabo Verde. Su familia le ha prestado la azotea de su casa en el céntrico barrio de Madeiralzinho. Debis tiene un hermano músico y rastafari, Beri, que es muy amigo de Yellow y Susana, de allí también la invitación. Antes de ingresar al edificio donde se celebra la fiesta, vamos Beri, Yellow y yo a comprar cervezas en un supermercado para contribuir a la causa. Subiendo a la azotea pasamos por la improvisada cocina donde Pomba, también hermano de Debis, está dando los últimos toques a una suculenta pasta que huele delicioso.

POMBA

Hermano de Debis. El apodo de Pomba, paloma en portugués, resulta irónico al ver a un tremendo moreno de por lo menos metro noventa de estatura y cien kilos de peso. Le pregunto ¿sabes que dicen que quien es bueno en la cocina lo es también en la cama? Se ríe Pomba, se ríen también los que lo circundan. Me sirvo un plato de esa pasta que huele tan rico y sabe todavía mejor bajo el cielo estrellado de Mindelo.

WALDIR

Es el hermano menor de Debis, Beri y Pomba, más menudo también de físico. Me comentan que tiene problemas de salud mental, sufre de esquizofrenia y no debe tomar alcohol porque se vuelve autodestructivo. La gruesa cicatriz que luce en el cuello, al lado de la manzana de Adán, proviene de su último intento de degollarse. Procuro mantener una prudente distancia de Waldir, quien a pesar de las recomendaciones ya ha tomado más de cuatro cervezas.

CHARO

Llegó a esta isla semi-desértica como cooperante española y me dice que no piensa ni remotamente volver a vivir en la península que la vio nacer. Ni siquiera una vez que cerraron la casa-proyecto para niños de la calle, donde trabajaba. Simplemente les cortaron el presupuesto desde Madrid y la contraparte local los puso de patitas en la rúa. Charo es bajita, flaca, muy menuda, pero lo que le falta de corpulencia le sobra en fuerza de voluntad. Contra viento y marea está tratando de conseguir un sustituto para el apoyo que recibían de España y retomar su proyecto socio-educativo. Tiene dos hijos adultos en España, que la visitan cada vez que pueden, lo que no es muy frecuente dada la crisis ibérica. Conoció a Mario, su actual pareja, en Cabo Verde y se les ve muy compenetrados. Ha asumido como hija a su otrora protegida Maria da Graça.

MARIO

Nació en Angola de padres caboverdianos cuando Portugal era la metrópolis de ambos territorios y se llevaba mano de obra barata de una región a otra del imperio verdirrojo. Por su mayor afinidad cultural con Lisboa, los „berdianos“ mulatos asumían con frecuencia posiciones superiores o de funcionarios públicos en las otras colonias africanas. Habiendo pasado sus primeros años como uno de los favorecidos de la sociedad colonial angoleña, cuál no sería su pasmo ante los primeros síntomas de racismo contra los mestizos, una vez consolidada la independencia de Portugal. Tan difíciles se volvieron las cosas en Angola que su familia entera se repatrió a la flamante República de Cabo Verde. Ahí encontró trabajo como tripulante en la línea de barco que une Mindelo con la vecina isla de Santo Antao. En uno de sus viajes le sonrió muy amable una mujer española que viajaba a Porto Novo para pasar el fin de semana lejos del bullicio de Mindelo.

GRACE JONES

No recuerda si alguna vez conoció a su padre o a su madre. Como adolescente conflictiva recogida en la calle, Maria da Graça llegó a la casa-proyecto de la cooperación española en Mindelo. Después de arduas disputas y gracias a la paciencia y constancia de Charo, Grace Jones, como la apodaron por su afición a no llevar el cabello nunca más largo que cinco milímetros, pasó a integrar el equipo directivo de la casa. Desde que les cerraron el financiamiento y se quedó sin techo, vive en casa de Charo. A la despedida de Debis fueron los tres juntos, Charo, Mario y Grace Jones. Apenas Yellow la vio en la azotea, me dirigió una mirada muy diciente y a la primera canción bailable que puso el DJ, la sacó a bailar a la „chica Bond“ de Cabo Verde.